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Fundamentación de Portman |
El ser humano recién nacido (y
algunos otros animales) tienen los órganos
sensoriales desarrollados, pero la funcionalidad
aún no está al 100
El recién nacido en sí no es
autónomo en absoluto (tardamos muchos años en
serlo), no puede seguir a su mamá ni usar las
vocalizaciones de los adultos; necesita a su
madre para su protección, calor y comida, como
hemos dicho. No es una mini-copia de un adulto,
no sólo va a crecer y a engordar, sino que
cambiará su morfología (si nos fijamos, la
proporción del tamaño de la cabeza de un bebé
respecto a su cuerpo es totalmente diferente a
la del adulto). De ahí que Portman (zoólogo
suizo, catedrático de zoología en la universidad
de Basilea, director de su Instituto de
Investigaciones Zoológicas y director científico
de su Jardín Zoológico) en los años 40 del
pasado siglo nos clasificara como nidícolas
secundarios y, a la vez, nidífugos desvalidos.
Según él, esta clasificación se caracteriza por
la dependencia extrema, como los nidícolas,
combinada con características de los nidífugos,
como los hijos generalmente únicos.
Portman defiende que somos
nidífugos con un parto muy prematuro. O de otro
modo, deberíamos nacer tras 21 meses de
gestación. Ya decía Tomás de Aquino que el
hombre “después de salir del útero, antes de
adquirir el uso del libre albedrío, es contenido
por el cuidado de los padres, como en un cierto
útero espiritual”. A los supuestos 21 meses de
gestación, aproximadamente los 12 meses de vida,
el bebé ha adquirido el control de la columna
(es capaz de mantenerse sentado, gatear,
llevarse comida a la boca…), y ya encajaría
mejor en la clasificación de nidífugo.
Nos llama Portman “prematuros
fisiológicos o normalizados“, indicando que el
motivo de esta particularidad es lo que se
conoce como “dilema obstétrico“. Esto es, la
relación entre la cabeza del bebé y el
correspondiente canal de parto impide un
crecimiento intrauterino mayor, ya que el parto
no sería viable: la cabeza no podría pasar. Se
debe a dos hechos, por un lado, la bipedestación
trae consigo el estrechamiento de la pelvis y
caderas. Por otro lado, el desarrollo de un
cerebro cada vez mayor trajo consigo un cráneo
mayor para poder albergarlo. La evolución
solucionó este problema provocando el parto
prematuro del bebé humano. Sin embargo, este
hecho en lugar de ser un inconveniente parece
ser favorable e incluso decisivo para el
contacto precoz del bebé con su entorno humano y
por tanto cultural. Si la Naturaleza lo hace
así, por algo será

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